miércoles, 30 de septiembre de 2009

EL VOUDU ES MI VIDA, DICE FELICIA RIVERO


Miguel Rubiera Jústiz, trabajador de la Agencia de Información Nacional en la provincia de Santiago de Cuba, tiene a su haber múltiples anécdotas e imágenes sobre experiencias vividas entre la comunidad de haitianos residentes en ese territorio.

Como parte de su especialidad en captar las imágenes de la vida, no sólo atesora gestos, instantáneas de acciones, sino, sobre todo, la verdadera expresión de los hombres y mujeres que integran esta etnia en las distintas comunidades, asentamientos o poblados santiagueros.

En esta oportunidad nos permite presentar uno de los resultados de su actividad escudriñadora entre los haitianos.

Se trata de su acercamiento al voudu haitiano en tierras santiagueras y lo hace mediante una mambo (sacerdotisa): Felicia Rivero Ge, quien le narra en detalle su participación en la práctica religiosa.

A continuación reproducimos lo que nos cedió, de su autoría, Miguel Rubiera Jústiz.

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Título: El Vudú es mi vida.

…Una sacerdotisa de reconocido prestigio en el oriente cubano descorre el velo de la práctica del Vudú, una de las religiones de fuerte arraigo popular que conserva las tradiciones de la mancillada historia africana.

Por: Miguel Rubiera Jústiz.

Sentencia un adagio popular que creer es voluntad; sin embargo para Felicia Rivero Ge _una sacerdotisa de reconocido prestigio en la oriental provincia de Santiago de Cuba_ el Vodú nace en el monte, pervive en las costumbres ancestrales, toca las fibras más sensibles de los pueblos, se manifiesta de forma divina, alumbra los caminos, acompaña tú existencia y cuando llega cambia para siempre tú vida.


Su arraigo en el Caribe es reflejo del sincretismo, secuela de la explotación esclava, huella imperecedera de la exclusión, el analfabetismo y la ignorancia. También expresión de la sabiduría de los pueblos, erudición, cobija protectora de los credos originarios, salvaguarda de las tradiciones, pero sobre todo escudo y espada de la cultura que nos legaron las tribus africanas que, junto a su sufrimiento, trajeron un arma espiritual para defender sus raíces del ostracismo y el olvido.

La conquista segó millones de vidas, asoló naciones enteras, propicio el trasiego de decenas de grupos étnicos y paralelo a sus desencuentros, exacerbó un proceso de transculturación del que no pudieron escapar las religiones populares.

Muchos cultos religiosos _como el Vudú_ han sido relegados, confinados a un mito menor, proscritos. Pero ahí están sus santos con las los brazos abiertos en señal de desafío, acompañando a sus fieles manigua adentro, mostrándoles el sendero, curando a sus enfermos, protegiéndolos de los males, asistiendo a las parturientas, ayudando al postrado, en fin compartiendo y guiando sus vidas y la de su descendencia.



• La semilla brota, germina.
“El Vudú es mi vida. Ogún llegó a mí por primera vez a los 20 años”, dice orgullosa Felicia, y acto seguido continua: “no me sorprendió porque lo esperaba. Mi padre me lo había pronosticado desde que comencé a tener uso de la razón”.

“Ese fue el encargo que le habían dejado mis tíos a mi papá, que murió en Cuba a la edad de 100 años y cuatro meses; pues ellos tuvieron la suerte de regresar a su patria, gracias a un dinero que se ganaron en la lotería”.

“Una sensación muy extraña se apoderaba de mi mente; me hace sentir un fuerte malestar, a tal punto, que se parece a la muerte. Me ocurrió por primera vez en el poblado de Cueto, en una comida de santo, organizada por paisanos de mi padre y otros descendientes _que como yo_ se sienten muy cubanos”.

“Que no les quede la menor duda: el día en que me llegó el primer santo, monté”, añade Felicia entre risas y carcajadas. Más adelante prosigue con voz suave: “El muerto me lleva a millón y porcentaje, porque me convierte en su caballo. En ese momento dejo de ser yo y hago lo que él pide y manda”.

“A través de mí, hablan, dan a conocer sus misterios, órdenes, explican sus cosas, aconsejan, premian o castigan. En otras oportunidades dicen las cosas con señas. Me hacen tomar alcohol, fumar tabaco, en fin, me utilizan a su antojo. Yo dejo de ser Felicia”.

“Dentro de unos días debo llevar una ofrenda al sitio donde mi difunto padre, en unión de mis tíos, me presentaron ante los santos, por ciento lugar donde se mantiene viva aquella acción que ellos iniciaron”.


• Raíces del credo en la familia.
Para 1915 Haití contaba con algo más de tres millones de habitantes. La sobreexplotación cafetalera y azucarera, junto al saqueo de sus recursos naturales y la improductividad de sus tierras, acentuaron la hambruna y el déficit de recursos para alimentar a la creciente población de La Española.

Asediada por la malnutrición y las enfermedades, Haití se ubicó rápidamente al final de la lista de las naciones más pobres del planeta. La miseria se enseñorea sobre sus pobladores, quienes vieron en la emigración la solución a sus problemas.

Por esta época, Eledot Kadeis Dasik un adolescente de sólo 14 años, sometido a esas y otras acuciantes penurias, zarpa en una frágil embarcación hacia Cuba, lugar donde se encontraban sus dos hermanos mayores, y del que se decía que “el dinero se recogía en el suelo”. Como equipaje trajo los harapos que vestía, sus pies descalzos y un ingenuo afán de riqueza. Lo único de valor que lo acompañaba eran sus tradiciones.

La maltrecha columna de trabajadores desembarcó después de varias horas
de navegación por el puerto de Santiago de Cuba. El Cónsul de su país, dedicado a la explotación de los inmigrantes, les dio la bienvenida.

Concentrados en improvisados barracones, cercanos a la localidad de Palma Soriano, tienen que esperar ser ubicados. En pocos días Eledot comienza a trabajar en una finca cercana a la Mina de Bueycito, paraje en que adopta el alias de Emiliano Rivero Mecías, apellidos del terrateniente dueño de la comarca, con plantaciones cañeras, cafetaleras y ganaderas.

A los dos años de su arribo a Cuba logra juntarse con sus dos hermanos Basilio y Florencio, en la finca Los Chinos, en Monte Alto, término municipal de San Luís, de la actual provincia de Santiago de Cuba.

En una ceremonia vudú, a la edad de 55 años, Emiliano conoce a Dios Gracia Ge García, una bella campesina cubana amante de la religión de los haitianos. De esta relación nació su primera hija, Felicia, entronizada en la religión Vudú a los tres días de nacida.

“Sobre una mesa oculta dentro del monte, en un ritual puramente haitiano, en el que solo participaron el padre de la niña con los dos hermanos, quedó plantada la semilla del Vudú en la familia”, así lo relata la madre, que cuenta hoy con 87 años.



• Ogún responde a Felicia.
“En estado de trance, y al preguntarle a Felicia cual es el libro que los haitianos y sus descendientes leen para practicar el Vudú, respondió: “El que te habla no es Felicia. ¡Es Ogún!”.

“Acto seguido exclamó: “El libro de los santos haitianos no se puede leer, porque está escrito en las hojas de los árboles. Cuando estas se maduran caen y se pudren; tierra vuelven a ser. Nadie puede aprender de ellas, a excepción de las personas elegidas por los santos, a los que se les transfieren algunos poderes. Sólo los santos pueden leer el libro”.

“Como verás en cada hoja, en cada rama, en cada árbol se aposentan los Loas, que desde lo alto descienden, al igual que la serpiente cuando se le invoca con los cantos, tambores, bailes y ofrendas en su lugar predilecto: el monte”.

“En el monte reina la quietud, se desarrolla armoniosamente la paz, y sin que te des cuenta, miles de ojos te miran, unos con ingenuidad, otros te acechan cargados con mucha maldad. Toda la brujería sale del monte, combinando sus hojas y tallos, las resinas, sus cortezas, sus raíces, las flores y las alimañas que habitan en él”.

• El Vudú por dentro.
El Vudú es el culto por excelencia de los haitianos, fruto de la fusión de la religión cristiana impuesta por los europeos como condicionante de la conquista y los ritos ancestrales de los negros que atravesaron los mares cargados de sus aquelarres y la magia de la lejana África.

El repiquetear del tambor, los acordes del azadón empleado como campana y la voz grave del bambú imitando la trompeta, logran introducir en los cuerpos de los practicantes de este rito mágico religioso un hechizo acompañado de un sentido rítmico que da lugar al Bembé.

Acompasado por una música polirrítmica, sus voces se alzan; vuelan al aire sus cantos. Sus cuerpos se contorsionan, sus ojos fulguran, fluye la magia del Vudú: un encanto pródigo de la naturaleza que culturalmente identifica a los negros haitianos y sus descendientes.

Es en ese momento de éxtasis en que el cuerpo es poseído y “montan” _de una manera mágica_ las deidades que reinan en el Vudú, anidando dentro de él una serpiente divina, que desciende del árbol que domina o el lugar dónde se encuentra el trono en que los Loas alimentan sus poderes.

A partir de ese instante el cuerpo del poseído transmite de forma verbal _o a través de la mímica_ el poder insospechado de los santos, las revelaciones de los muertos, el embrujo de los espíritus dominantes.

Sorprendentes las descripciones formuladas por estas personas, calificadas indistintamente de divinas o diabólicas, celestiales o pérfidas, bendecidas y alabadas, glorificadas o repudiadas por fieles y practicantes.

Más allá de las disquisiciones teóricas, el Vudú alimenta nuestro acervo cultural, la vida de religiosos y creyentes porque ineludiblemente es parte inseparable del quehacer folklórico de las naciones caribeñas.

• La lección esclava.
Los descendientes de las tribus africanas son mortales con sed de islas. Pertenecen a una especie a la cual no se le exige. No los confunde el amor. Se parecen a las flores, que callan para que se les entienda. Conocen el cansancio del mundo, las memorias del corazón. No son ángeles con rabia, ni mucho menos se aferran groseramente a la vida.

Nadie está obligado a creer en sus escrituras, en su lengua materna, en las tradiciones orales que los acompañan. Los dioses y las deidades negras también protegen a las personas blancas. Su corazón no cae en esa trampa, aunque algunos piensen que ese es el escándalo de la memoria esclava.

Sus abuelos oficiaron en el tronco de una Ceiba, por qué a ellos ha de negársele el derecho a hacerlo, más cuando históricamente han puesto en delirio su pecho para defender a ultranza su credo.

Cuentan que cuando suena el río ellos saben que hacer con las piedras. Aprenden de lo que les dice el monte, de lo que susurran los espíritus, de lo imaginario, de una vida plena de leyendas. Son meticulosos con sus costumbres, celosos guardianes de las cuestiones divinas.

Juran _y perjuran_ que es sabio regresar de vez en cuando en el tiempo, pero hay que hacerlo con coraje, con la valentía de los cimarrones que deambularon esta tierra.

Cuando algunos creyentes acercan la mirada a los ritos y las religiones africanas llevan en potencia la enfermedad del miedo. Infundado, ellos no tienen un pacto con la muerte; lo que quieren _y merecen_ es un espacio digno en el universo.

Si algo nos demuestra la vida es que el sol puede repartirse entre todos. Nuestros negros tienen alas y viven para hacer realidad sus sueños. Sus dioses cuidan las lágrimas y la mancillada historia africana, y en compensación un mensaje salva su pena: en el alma de sus descendientes también alumbran las estrellas.

martes, 23 de septiembre de 2008

VOLVEREMOS A DECIRNOS ADIÓS...TITINA


LATINAMERICALANDYA
http://latinamericalandya.blogspot.com/2008/09/volveremos-decirnos-adistitina.html
22-9-2008

Por Julio Mitjans desde la Habana

Luego de dos huracanes, cuando los rayos de la solidaridad iluminaban nuestras vidas, y nos disponíamos a sonreír otra vez, en las Tunas moría la reina del Gagá, Silvia Hilmo Sandi, reconocida como Mambó Mayor, la jerarquía más alta de la religión Vodú en Cuba, pero aún no he dicho todo, aún no me atrevo a escribir Titina.

A veces uno dice nombres y evoca, sueños, luchas, alegrías, tristezas, vidas que soportan la fe y la memoria de una familia de una comunidad o de un país, eso es Titina, en ella palpitaban esencias que el dieron a nuestra nación un rostro, un aire, un ademán irrepetible. Allí desde la Cuba profunda en el batey del central azucarero, esta mujer no dejó en el olvido las tradiciones de sus ancestros.

El Vodú, sus conjuros mágicos sirvieron para reunir a su alrededor al pueblo, que siempre busca un amparo espiritual, que en el devenir de Titina fue algo más que un sistema mágico religioso, no quisiera hablar de legado, pues cada uno de nosotros vive en la obra que ha hecho, y Petit Dance ha sido el camino que Titina labró para todos nosotros a golpes de tambor, cantos, y pasos de baile, pudiéramos hablar de una sabiduría que nos hace más plenos, que nos devuelve lo que somos entre el polvo del batey y la plantación de caña.

Por ello los Ioa del Vodú reciben hoy 17 de septiembre una claridad mayor, seguros de que Volveremos a decirnos adiós, …Titina

SEMILLA DE HERENCIA DE LA CULTURA FRANCO HAITIANA EN CUBA

VISION TUNERA
http://www.visiontunera.icrt.cu/
19 de septiembre de 2008
Por Anybis Labarta García

A la edad de 82 años falleció en la oriental provincia de Las Tunas Silvia Hilmo Sandi, Titina, la directora del más emblemático grupo portador de la cultura francohaitiana en la región, llamado Petit Dancé. El pueblo acompañó en procesión a la patriarca del grupo hasta su última morada, el cementerio Vicente García, de la capital tunera.

Titina fue merecedora en vida de disímiles premios por su labor incansable en el rescate de expresiones como la música y la danza propias del patrimonio cultural francohaitiano, que forman parte de la identidad cubana desde hace muchos años, como fruto de la emigración haitiana a Cuba en la primera mitad del siglo XX.

Entre los lauros ganados por Titina figuran el Memoria Viva, que otorga el centro cultural Juan Marinello; el Premio Nacional de Cultura Comunitaria y el Internacional del Caribe, entregado a Titina en la Fiesta del Fuego por Abel Prieto Jiménez, ministro de Cultura.

Según Orlando Vergés, director de la Casa del Caribe, institución de Santiago de Cuba, Titina es una semilla de herencia de la cultura francohaitiana en todo el país por el trabajo tan profundo y serio de defensa de este patrimonio en varias generaciones y con ella se va gran parte de la información relacionada con ese legado a nuestra identidad.

Desde 1977 Titina, hija de haitianos emigrantes, formó el grupo Petit Dancé y en cuatro décadas sembró el amor a su cultura en sus descendientes. Un amor que se traduce en el compromiso de hijos, nietos y biznietos de preservar lo trasmitido por ella.

En la despedida del duelo el historiador de la ciudad de Las Tunas, Victor Marrero, enfatizó que Titina permenecerá por siempre en la memoria popular como ese ser que se entrego en cuerpo y alma al rescate de la autenticidad cultural.

jueves, 21 de agosto de 2008

CELEBRÓ LA COMUNIDAD HAITIANA DE SAN GERMÁN EL ANIVERSARIO 217 DE LA

Lic.: Consuelo Doris Díaz

El aniversario 217 de la Ceremonia de Bwa Kaymán fue celebrado por la Comunidad Haitiana del municipio San Germán, en la oriental provincia cubana de Holguín.

Con un amplio programa de actividades se inició la celebración el día 12 y concluyó el propio 14 de agosto de 2008, día coincidente con el que se realizó en 1791, y que marcó el inicio de la lucha antiesclavista hasta el triunfo de la Revolución Haitiana, luz precursora de muchas movimientos sociales en el continente americano.

Este evento fue organizado por Rafael Joseph Pérez, joven líder de la Comunidad Haitiana, de San Germán, con la coordinación de la Dirección Municipal y Provincial de Cultura de la localidad, la Comunidad Haitiana en Cuba, y la de San Germán, la Casa del Caribe y la Embajada de Haití en Cuba, entre otros.

La existencia de un gran asentamiento de ciudadanos haitianos y de sus descendientes, y el mantenimiento de sus tradiciones y costumbres, a través de los años y de generación a generación, ha propiciado este proyecto de festejar esta histórica ceremonia en su aniversario 217.

Por primera vez se celera aquí y contempló un conjunto de actividades de carácter teórico-práctico, festejos históricos, folklóricos y políticos bajo el lema central de: “LA DEFENSA DE LOS VALORES IDENTITARIOS DE LA CULTURA HAITIANA EN EL CONTEXTO DE LA CULTURA SANGERMANENSE.”

Fue impartida una conferencia magistral sobre” la Comunidad Haitiana en Cuba, sus retos y perspectivas”, por la Lic. Consuelo Doris, así como se habló sobre la entrada de inmigrantes al municipio de San Germán, la presencia de haitianos en el Oriente cubano, el Vodou haitiano en el contexto cubano y el tema del Creole en Cuba, este último presentado por el Director del Centro de Estudio sobre Cultura e Identidad , de Holguín.

El desfile inaugural se desarrolló por la calle 23, el Crucero y hasta el Parque América, lo que causó la admiración de los presentes, quienes acompañaron a los adultos mayores montados en coche y, en gesto patriótico, fue depositada una ofrenda floral ante el busto del Héroe Nacional ”José Martí.

Se les rindió homenaje a la primera Reina del Carnaval haitiano “, RARA”, nombrada TI MIMI y a la que ocupa esa posición en estos momentos…EVA LUISA ALFONSO.

Amenizaron los festejos los grupos folklóricos “RENOVACIÓN HAITIANA DE CUETO y BOUKMAN BANN INOSAN, del propio San German.

Una exposición, en la Biblioteca municipal mostró elementos alegóricos a la nación caribeña.

El día 12 de agosto, esperando el 13, la comunidad haitiana celebró una ceremonia a PAPA LEBBA (ELEGGUA), el cual se le dedicó al aniversario 82 del natalicio del Comandante invicto de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, y se pidió por su salud y por su pronto restablecimiento. Al mismo tiempo fue entonada la canción dedicada a Fidel, a golpe de tambores, donde se reconoce sus valores humanos y patrióticos y se pide por su salud.

Como colofón de las actividades se cerró la noche de 14 de agosto con la reedición de histórica ceremonia de l791,donde la masa esclavista juramentó arrancarles la libertad a los esclavistas franceses, batallar que no cesó hasta el primero de enero de 1804 con la independencia de Haití.

El encuentro de la cultura haitiana con la ceremonia de Bwa Kayman constituyó un acontecimiento inédito en Cuba y se sumará, desde este momento, a las diversas celebraciones que se realizan en la provincia de Holguín, como son. “Las Romerías de mayo”, “El festival del son en Mayari”,”La jornada de la cultura Iberoamericana”, y “El festival del cine pobre de Gibara”.

La Dirección de Cultura del municipio Urbano Noris y la comunidad de haitiana en el territorio se aprestan a celebrar con carácter anual este encuentro por su importancia histórico-social, y como homenaje a esta ceremonia de vodou con que se inició el proceso de resistencia antiesclavista de liberación nacional, así como la Revolución haitiana, y que influyó en las luchas independentistas de varias naciones del Nuevo Continente.

viernes, 4 de mayo de 2007

CAPÍTULO I.- INTRODUCCIÓN AL VODÚ: ORÍGENES, HISTORIA Y COSMOGONÍA DE UN CULTO

El temor a la muerte y las formas de enfrentarla, han sido problemáticas universales para muchas culturas del mundo. La naturaleza de la muerte y las existencias de una vida después de ella, ha implicado importantes funciones sociológicas, psicológicas y simbólicas para el hombre y la comunidad donde habita como ser social.

Este apasionante tema posee disímiles concepciones a partir de los postulados que rigen las diversas costumbres y tradiciones de todos los pueblos del mundo. En Cuba los estudios realizados acerca del Vodú, están dirigidos a analizar el comportamiento de esta religión de forma generalizada, las cuales no incluyen dentro de sus perspectivas adentrase en las concepciones y ritos vinculados al culto de la muerte. La necesidad de información sobre este particular me motivó para iniciar esta investigación: Los ritos fúnebres dentro del vodú cubano. Sus expresiones músico-danzarias.

Las particularidades que posee el culto a la muerte y los muertos dentro del vodú practicado, tanto en Haití como en Cuba, no poseen en nuestro país profundos estudios, por lo que ofrezco con esta investigación un primer acercamiento de los funcionamientos ceremoniales, formas organizativas, particularidades de ejecución del rito fúnebre para un voduista y para los sacerdotes de este culto, en el caso de la experiencia cubana.

Durante un largo período de tiempo, mientras residía en mi natal Guantánamo, anduve imbuida en la indagación acerca de la cultura francohaitiana, a través del contacto que tuve como metodóloga provincial de Danza, con la praxis de las agrupaciones folklóricas tradicionales de esta zona del país. Confieso que siempre fue un reto intentar cantar o bailar como los viejitos portadores de esa maravillosa tradición, pero mi formación profesional en la técnica clásica de la danza, resultaba insuficiente.

Hoy, aunque mis referentes son más lejanos, cada día un desconocido gen me obliga a regresar y beber en la fuente de esa sabiduría, comprendiendo entonces que la ley de mi karma me ha hecho conducir mis motivos concretándolos a través de estas páginas. Las pretensiones, más allá de la metodología necesaria, sólo son las de no callar el conocimiento valedero para el futuro de los estudios de nuestra cultura popular tradicional.

Para iniciar la investigación confluyeron diversas interrogantes que más tarde constituyeron el problema científico de este estudio. Las más importantes son las siguientes:

¿Cuáles son las características de las ceremonias fúnebres que se realizan dentro del vodú cubano y qué diferencias y similitudes poseen en relación con las que se celebran en Haití?; ¿qué papel desempeñan los loas Guedé dentro del ritual funeral voduísta y qué importancia encierra el concepto de la muerte dentro del vodú en Cuba?; y ¿cómo se desarrollan las principales expresiones músico-danzarias vinculadas directamente al culto de la muerte en el vodú cubano?

Para darle respuestas a estas problemáticas me he trazado los siguientes objetivos:

1. Analizar las características esenciales de los ritos fúnebres del vodú en Cuba, a partir del establecimiento de comparaciones específicas con las celebraciones rituales mortuorias realizadas en Haití.
2. Caracterizar a los loas Guedé como protagónicos participantes en los ritos luctuosos, y la importancia del concepto de la muerte dentro del vodú en Cuba.
3. Describir las principales expresiones músico-danzarias del vodú cubano, que estén directamente vinculadas a los ritos funerarios de este culto.

Las hipótesis que soportan mi tesis, se concretan en las siguientes ideas:

1. Las ceremonias fúnebres dentro del vodú cubano se caracterizan por poseer similitudes y diferencias en relación con las de Haití. Sus principales analogías están en la organización de los actos, el concepto ritual, la participación de las jerarquías y el uso de algunos objetos rituales. Sus principales disparidades se basan en la extensión horaria de los rituales, el empleo de ciertas piezas sacras, y la fusión o eliminación de pasos dentro de las acciones luctuosas.
2. La familia de Loas Guedé constituyen el paradigma de identidad de los rituales funerarios del vodú ya que se asocian a la dualidad de la vida y la muerte sin contradicciones en sus génesis. El concepto de los muertos establecen la base del culto a la muerte dentro de esta religión, tanto en Haití como en Cuba.
3. Las expresiones músico-danzarias funcionan estrechamente vinculadas a las ejecuciones del ritual mortuorio. En estas ceremonias son utilizados el conjunto instrumental Radá, cantos específicos y las danzas fulé y bandá. Todas estas manifestaciones definen un estilo que identifica al culto voduísta cubano.

Fue necesario para la búsqueda de la información el pesquisaje minucioso de bibliografía especializada en este tema. Entre los textos más importantes consultados que contribuyeron a la concreción de los contenidos históricos, políticos y sociales necesarios para la tesis están el El vodú en Cuba, de un colectivo de autores; Vodú y magia en Santo Domingo, de Carlos E. Deive; Orígenes e historia de los cultos vodú, de Alfred Metraux; y Haití: la ciudadela vulnerada, de Patrick Bellegarde-Smith. Otros libros que brindaron sustanciales aportes desde el punto de vista conceptual y metodológicos fueron Los ritos de paso, de Arnold Van Gennep; Tell my horse. Voodoo and life in Haití and Jamaica, de Zora N. Hurston; y Muntu: las culturas neoafricanas, de Janheing Janh. Fueron de mucho valor la apreciación de los Trabajos de Diplomas sobre danza folklórica de las Licenciadas Dayana Sotolongo: Trilogía funeral femenina en la santería cubana, y de Yuko Fong Matos: Formas de adoración del loa Damballáh Wedó dentro del vodú cubano. Su expresión danzaria.

Otro de los métodos más importantes empleados en esta investigación fueron las entrevistas y las observaciones participantes. Entre mis principales testimoniantes se encuentran cantantes, percusionistas, bailarines y hounganes, todos ellos miembros de las agrupaciones La Razón, de Guantánamo y Bawón Samdí, de la Ciudad de La Habana. Investigadores, antropólogos y coreógrafos, constituyeron otra importante vía testimonial como fuente anexa pero de gran valor informativo para los objetivos de este trabajo.

Las problemáticas presentadas durante el proceso investigativo que más han incidido en el buen desarrollo de la tesis, han sido precisamente, no haber podido observar in situ la ejecución de los rituales en su medio original, debido a que durante el proceso indagativo no ocurrió ningún fallecimiento de practicantes, hecho necesario para que se produzca un rito mortuorio. Por ese motivo ha sido imprescindible contar con la total ayuda testimonial de los practicantes voduístas, corroborando y estableciendo análisis con algunos textos que ofrecen referencias de la temática de estudio.

Para la mejor comprensión del texto este trabajo investigativo se han organizado en cuatro capítulos. El primero, Introducción al vodú: orígenes, historia y cosmogonía de un culto, contiene una introducción histórico-conceptual acerca del culto vodú, desde la perspectiva de dos zonas claves del caribe donde se cultiva esta religión: Haití y Cuba. El segundo capítulo, El culto a la muerte en el vodú, se adentra en el estudio de la importancia de los muertos y la forma de ejecución de los rituales mortuorios, por un lado, los que específicamente están relacionados con los iniciados en Haití y Cuba, y por otro lado, las de los sacerdotes, y el Manyé-Mort en Cuba. El tercer capítulo, La comunicación oral y la expresión musical en los ritos voduístas cubanos, se analizan la función de la comunicación oral dada por los tipos de cantos, plegarias y rezos, así como las características de los conjuntos instrumentales. En el cuarto y último capítulo, Las formas danzarias en los ritos funerarios, se describen detalladamente las manifestaciones danzarias del Fulé y el Bandá.